Miró la loma un día, estaba repleta de marabú -esa mala
hierba que reina en los campos cubanos donde la fuerza productiva es
insuficiente-, entonces tenía 45 años de edad. Agarró una mocha y loma arriba empezó
a picar, acompañado por su inmensa voluntad.
Cinco inviernos han pasado, y los cambios se notan en el
área. En lugar de la maleza crecen quimbombó, plátanos burro, yuca, frijoles,
boniato, malanga y habichuela; Ramón Vargas Molina, "Mongo", continúa
ahí.