En el cajón verde donde mi abuela guardaba postales, invitaciones y más recuerdos, sobresale una
antigua fotografía, pequeñita, amarillenta por el paso del tiempo. Ella tendría unos 20 años, anda
con un grupo de jóvenes, todos llevan ropa de campo, posan entusiasmados. El sitio queda en una altura, parece un mirador, con un
muro de cemento simulando peones de ajedrez.
Busco en mi memoria el enigmático lugar, se trata de la mayor elevación de una hermana provincia
oriental, ubicada a 261 metros sobre el nivel del mar. La vida me ha dado la
oportunidad de subirla cuatro veces, la última fue este 21 de noviembre, junto
a mi mamá y varios amigos.