Me enseñaron
el parque con orgullo. “Allí estaban cuando los sacamos”, y me tocó callar
porque en tierra extraña –también en la conocida ocurre- los migrantes a menudo
estamos condenados al silencio. Luego vino lo peor: “Ustedes no son
iguales a esos del Arbolito, ustedes sí regresan”.
